Tomás, Suárez entra en un establecimiento y le impacta una foto de gran tamaño de un surfista. Apreciando aquella foto en blanco y negro, capturada por Fregel, un fotógrafo con buena reputación por inmortalizar momentos como este, Tomás va constatando que se trata de un lugar muy conocido, en un paisaje casi virgen, y en la izquierda inferior de la foto puede leer: Martiánez 1963.
Desde este día comienza una aventura para conseguir la foto, ya que es aficionado de la Historia del surf en Canarias, colecciona noticias, fotos y tablas antiguas suficientes para hacer un museo. Hablando con los amigos de su época consigue unas copias y una de ellas la deja en la tienda de surf Specialroyd-Keahana, en Playa Jardín, donde muchos la ven.
Del otro lado del mundo, en Bali, Jonás, que no ha salido todavía de la barriga de la ballena, en una tienda de surf coge un libro que cuenta la historia de un surfista que ha viajado muchas veces por las cuatro esquinas del mundo surfeando desde los sesenta. Mirando Jonás el mapa por donde ha estado, ve Canarias.
Se sorprende y comienza a leer esta parte que empieza contando que desembarcó por Las Palmas donde cogió olas en la ciudad y después tomó rumbo a Tenerife. Se le ponen los pelos de punta al leer la narrativa del surfista contando por donde ha surfeado en el ´63 en el Puerto de la Cruz, un reef con unas olas muy huecas y luego, al lado, en una playita de poca arena negra que se llamaba Martiánez, justo donde Tomás, Jonás y muchos empezaron a surfear tiempo después. Jonás lo relacionó con el de la foto de Tomás y viendo su cara en el libro pudo constatar que “el de la foto” ahora tiene nombre: Peter Troy, uno de los primeros viajeros del mundo en explorar olas y muy probablemente el primero que surfeó en Tenerife.
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